Sarajevo, La capital de Bosnia, es una ciudad renga, se le ven las cicatrices, las marcas en la piel, los golpes del pasado. En un viaje predestinado a suceder, con Lulú nos sumergimos en esta ciudad para intentar entender su dolor. Como autora invitada, ella cuenta lo que encontramos.
"Sarajevo: un bar y una ciudad"
Acá llegamos, yo atraída particularmente por un bar que marcó un antes un después en mi vida y otro tanto por la historia que intuía que podía encontrar… Cande como viajera curiosa que sigue su instinto de conocimiento y búsqueda…
En 1995 termina esta ciudad destruida, a su vez en San Telmo nace un bar con su nombre y su estilo en ruinas.
Esta ciudad tiene muchos parecidos con ese lugar de noctámbulos, que buscaban una charla, que convivían con la vida y la muerte en cada día.
En Sarajevo, mezcladas con las casas, las plazas, los edificios, las escuelas, los bares, los lugares de diversión, las casas de apuestas, los negocios; la gente sigue con su cotidianidad… y entre todo esto, te encontrás con las lápidas de los que se fueron y los ausentes/presentes en cada paso.
La gente es austera, no hay modas ni esteriotipos, no sé si como filosofía o porque no hay opción… sin embargo, nosotras terminamos en un negocio de segunda mano intentando comprar ropa…
Convivir con las huellas de lo ocurrido parece ser como algo natural. Te encontrás con los edificios destruidos por bombardeos o con las huellas de las balas en las paredes, mientras pasan los ciudadanos por las calles buscando… aunque sea unas turistas sin boletos…
Las huellas están; en las mujeres con pañuelos en las cabezas, en las caras de los que se te cruzan, en las casas abandonadas e invadidas de graffitis y vegetación.
Esas caras me llevan a los personajes de mi bar: Matías (a quien necesitaría ahora para recordar nombres y demás), Fidel, Ezequiel, Pepe, Matu, Martín, Camilo, las dueñas, Eduardo, Axel, el flaco, el peruano y los famoso como Divina Gloria y Leo García.
Hoy, unos son actores, otro cineasta, otro piloto, uno dueño de un bar, una artista plástica y profe de teatro, Eduardo casi gana el reality “El Bar”, otro está en el Borda, el yonkie en Suecia y Camilo con sus chistes no sé… tantos personajes más…
Pienso también en los amigos que me acompañaron una o varias veces… algunos se fueron de este mundo, otros viajaron para otros puertos y otros se han perdido.
Sarajevo bar fue un lugar donde podía caer sola y siempre me encontraba con alguien para hablar o intercambiar deseos…
Acá, estoy con mi ahijada del alma compartiendo experiencias de viajes (“Dos viajeras se saludan”), yo volviendo al ruedo, ella en su crecimiento de viajera… sin embargo en este intenso encuentro de comunicación, nos sentimos un poco incomunicadas con los sarajevenios (de algún modo, el lenguaje no ayuda),
Intenté varias veces que me contaran como había sido vivir acá en esos días de citio…poco me dijieron, me contaron de las escuelas subterráneas, del túnel de abastecimiento y no mucho más.
…Las huellas están… y debajo de la tierra existe la esperanza y la vida que ignoramos… sólo basta con mirar un árbol o ver Underground.
Fue muy fuerte ver que los nacidos en el 68 (año que vine a este mundo) fueron desbastados, no están más, sólo hay una lápida en algún lado que los representa como parte de este lugar.
Esta ciudad como buen bar está llena de extremos… la simpatía/la indiferencia, la alegría/la tristeza, la libertad/la necesidad, la diversión/el astío, el todo/la nada, las religiones varias/la ausencia de dios, la vida/la muerte.
En el bar “Hacienda” intenté comenzar a escribir (a pedido de la blogger). Fue una noche de alegría, de brindis, de “amigos”, de deseos perdidos y de personajes.
Al otro día entre otras cosas me encontré con algo de lo ya escrito y con estos versos dispersos…
Cande danza,al compás de la música
se mezcla con Bosnia,
pasa la puerta de Sarajevo.
Cande danza,
conversa e intercambia cultura.
Mientras los muchachos sueñan
que son jugadores de fútbol.
Por suerte, Cande danza,
y con la magia de su sonrisa,
Sarajevo se detiene en el tiempo
un tiempo mucho más bello…
¡Feliz de viajar contigo!