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martes, noviembre 15

Relato Tibus

Con cada nueva visita, descubro una nueva faceta de Londres. Cada uno visita lugares distintos y en cada lugar percibe cosas distintas. Aca, las impresiones de mi querida Tibu, tras su recientes días londinenses.

Inglés, inglesísimo

Londres me pareció interesante, interesantísima. Hago énfasis en la expresión porque la palabra puede sonar a poco y no es la intención. ¿Acaso hay ciudades –capitales- que no lo sean? En fin, pero es que todo lo que conocía de ella me llamaba la atención, por raro, por diferente…
Y es que la había visto tanto en las películas, había leído tanto sobre ella y sobre su historia que creí que no me llamaría la atención. Es más, debo ser sincera y confesar que no me llamaba la atención en absoluto hasta que mi amiga Candus pensó lo contrario y decidió apostarse allí y yo no tuve más alternativa (qué castigo el mío) que visitarla.

Vaya si no serán particulares los ingleses que desde que llegué pude advertir algunas de sus características más resaltantes. Por empezar, un guardia amable amabílismo que me dijo caballerosamente donde podía encontrar el bus que me llevaría a la ciudad. Ahí tienen dos cosas: exceso de amabilidad –que a uno lo hace sospechar- y ese “en Londres somos todos unos caballeros y la hacemos sentir a usted una dama, a pesar de que vista como vista” (pueden imaginar mi pinta de pasada por aeropuertos). 

A propósito de la amabilidad, gracias a una conversación con Candus y su amigo Pablo pude comprender un poco más este tema. Al parecer hay una práctica muy extendida entre los comercios conocida como mystery shopper. Consiste en un consumidor encubierto que después de visitar un local hace una evaluación de la atención y puede derivar en beneficios del comercio y los empleados. Así es que estos están siempre expectantes y a disposición de los clientes. Por momentos me pareció exagerado e intimidante y en un local hasta tuve que aclarar que mi intención sólo era la de tomar un café, pues me hicieron sentir la invitada especial de la casa.

Lo siguiente que vi recién arribada fueron las casas con su interior a la vista de todos. ¿Qué onda? Ya era de noche cuando el bus pasaba por allí y la gente se negaba a cerrar las cortinas. ¿Pero es que presumen de “somos tan correctos que no tenemos nada que ocultar”?.

Después fue llegar y, alegría mediante de encontrar a Candus, no podía creer lo tranquilo de la ciudad a las diez de la noche. Hicimos unas pocas cuadras caminando y eran tan residenciales que yo creía que estábamos lejos lejísimos del centro de todo. Pero me equivocaba, las áreas residenciales se reparten por toda la ciudad y el movimiento se concentra cada tantas manzanas (por lo general alrededor de las estaciones de metro). En lo que no me equivocaba era en sorprenderme con ello de que un restaurante cerrase a esa hora y que un pub lo hiciese poco después, a las 23, y con aviso de campana que sonaba más a un “¡hora de dormir, basta de tomar cerveza!”.

Los días que siguieron ya vi a Londres de día y pude ir conociéndola un poco más, al tiempo que iba encantándome. Pero esta no dejó de sorprenderme hasta el final…

Otros detalles que pueden hablar del movimiento de la ciudad son por ejemplo los semáforos para el cruce de peatones. Algunos de ellos duran literalmente unos treinta segundos en los que sólo piensas “corre o te pisan”. Olvídate de cruzar una esquina transitada charlando, primero está cuidar la vida de uno.
Ello me hizo pensar en la gente mayor, ¿cómo hacen para cruzar? Pero bastó echar una mirada alrededor para no ver viejos. Claro, si la ciudad se mueve a mil y no hay lugar para los débiles. En el metro hay horas también en que la marea humana te aplasta. Me dio mucha pena esta característica pues creía yo que, después de conocer Madrid, las capitales europeas estaban más preparadas en lo que es un “transporte para todos” o “ciudad para todos”.

La cantidad de cámaras, otro tema. Guau, parece mentira, pero a uno lo están mirando todo el tiempo vaya a saber quién. Pero bueno, al menos me hicieron sentir en una película de James Bond y eso era divertido: “no mires a la cámara que pueden descubrirte”.

Los museos gratis también me sorprendieron. Tremendos edificios que albergan siglos de historia de toda la civilización, abiertos para todo el mundo como si nada. Vaya prioridades, el transporte puede ser el más caro del mundo, pero la cultura y la instrucción están al alcance de todos.

Bueno, el artículo se hizo un poco largo y no me dio para escribir sobre tantas otras cosas de Londres: sus ferias, su clima, el río, sus comercios, sus musicales (vimos el de Billy Elliot, excelente), su industria cultural, su limpieza, sus espacios gastronómicos, la realeza, su gente de todas las nacionalidades…. Pero soy sincera al confesar que los temas en los que me enfoqué fueron tal vez los que más llamaron mi atención, al 
menos en un primer y corto vistazo de la ciudad.


Y claro, de más está decir lo bien que me hizo mi dosis de Candus, ¡después de tantos meses de carencia! Asíque gracias amigui por todo, fue increíble!!!



2 comentarios:

  1. Uno de esos detalles insignificantes q mas me llamaron la atencion fue el subte y su constante "mind the gap, please mind the gap". DIos, cuanta gente se habra caido por el gap para q lo tengan q repetir con tanto enfasis??

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  2. Que buen encuentro con la salteña!!!

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